“Las cosas no
pueden quedarse en su lugar. Es como si estuvieran destinadas a cambiar”
Danna Tyler
no puede considerarse como la típica chica de una fraternidad, mucho menos una
chica Alfa Omega, pero sin embargo lo
es y debe pagar un precio duro por llevar esa etiqueta.
Su vida no se
mueve entre las locas fiestas de los fines de semanas que las demás
fraternidades de Stanford inventan o de salir con un Beta Tau, esos chicos creídos que suelen manejarse dentro de los
equipos deportivos de la universidad, pero suele apañarse con unas largas
piernas y una sonrisa encantadora para demostrarles a todos que ella merece un
lugar.
Lo que sí
tiene claro es que no se puede saltar las reglas de la sociedad en la que se
maneja, impuesta por las adorables hermanas Hayes: no se puede salir con un
integrante de The Owners. Aquellos
coquetos chicos que Danna solo ha visto en pocas ocasiones, pero que sabe que
son de alto peligro, pero desconoce el verdadero motivo.
Dustin
Clawson, Edwin Wells y Clay Gunn son el punto opuesto del reinado de las
hermanas Hayes. Su popularidad y su energía absorben todo a su paso y por eso
mismo Danna sabe que mientras más alejados de ellos esté, pronto volverá a su
vida ideal de chica Alfa Omega.
Pero el
destino no quiere eso.
Lion Rumsfeld,
el mejor amigo de Danna, debe saldar unas cuentas y solamente consiguiendo un
puesto en Las Carreras conseguirá
todo lo necesario para no ver su cabeza metida dentro de una bolsa.
Lamentablemente
para Danna los organizadores de aquellas tétricas cosas a las que llaman carreras son los chicos de The Owners y ella sabe que desde el
primer momento que sus caminos se crucen, nada volverá a ser como antes.